Siglo xviii. Ilustración y Racionalismo Científico

El pensamiento ilustrado nace en Francia durante el siglo XVII y se desarrollará a lo largo del siglo XVIII, marcando las bases de la sociedad moderna y provocando un gran desarrollo de todas las ramas de la ciencia. Gracias a la superación de la influencia eclesiástica se fomentará el espíritu crítico e independiente a la hora de abordar temas científicos, por lo que se trata de un periodo de grandes descubrimientos que cambiarán para siempre la historia de la Humanidad. Como ejemplo de los importantes avances científicos acaecidos en este siglo no podríamos dejar de citar a Edmund Halley (1656-1742) quien, entre otras cosas, estudia los cometas y demuestra que las estrellas se mueven de modo independiente; William Herschel (1738-1822) descubre Urano, el primer planeta descubierto en época histórica, y Laplace (1749-1827) expondrá su teoría sobre la formación de los planetas. Antoine Lavoisier (1743-1794) descubre y aísla el oxígeno; Benjamin Franklin (1706-1790) estudia la electricidad e inventa el pararrayos en 1752 y Alessandro Volta (1745-1827) idea la primera pila eléctrica. En 1768 James Watt (1736-1819) inventa la máquina de vapor, que abrirá los nuevos horizontes de progreso. A finales de siglo Edward Jenner (1749-1823) descubrirá la inmunidad y experimentará con las primeras vacunas.

El siglo de las luces representa una etapa de grandes transiciones conceptuales. A partir de este momento se generaliza una confianza plena en la razón a la hora de resolver problemas, tanto ideológicos como religiosos, políticos o científico-técnicos. Esta razón es autosuficiente y autónoma también al enfrentarse al mundo natural. Hasta entonces, el punto de vista general con relación a nuestro entorno natural era el de la concepción de una Naturaleza creada por Dios, siempre con unos propósitos establecidos. Por tanto, los elementos naturales tenían que servir al hombre para alguna finalidad concreta, ya que el ser humano era entendido como el último peldaño que coronaba la escalera de la creación. Había que buscar una finalidad en cualquier objeto natural, así como un orden divino en todo lo que nos rodea. Cuanto más se acerque el hombre a comprender ese orden divino, más se acercará al propio creador. Durante el siglo XVIII este encaje conceptual del mundo natural cambia radicalmente, y las doctrinas de la iglesia respecto a la creación y a la inmutabilidad de las especies comienzan a ser seriamente cuestionadas. Las corrientes filosóficas de Descartes o Spinoza iniciadas en el siglo XVII ejercen una gran influencia crítica racionalista de la ortodoxia religiosa. Muchas creencias son derribadas e incluso se tolera el cuestionamiento de las doctrinas cristianas. 

Por otra parte, durante este periodo se constata la inmensidad del espacio, así como del tiempo transcurrido en el pasado, gracias a los descubrimientos que se hacen simultáneamente en astronomía y geología. Edmund Halley tendrá un papel fundamental en el desarrollo de estas nuevas tesis, ya que estudió el tránsito de Venus y calculó la distancia de la Tierra al Sol. La fecha de la creación se había fijado en el año 4004 AEC (Ussher, 1650), cifra alcanzada al contar hacia atrás todas las generaciones mencionadas en la Biblia. Al estudiar las posibles causas del diluvio bíblico, Halley afirmó que éste tenía que haberse producido mucho antes, aunque habría que esperar al siglo XIX para que se aceptara una existencia humana antediluviana con la publicación de la obra de Charles Lyell.

El estudio de la naturaleza se hace cada vez más exhaustivo, se asumen las prácticas adquiridas en el siglo anterior de ordenar los seres vivos conforme a sus similitudes anatómicas, se perfeccionan las técnicas de microscopía, y comienza a establecerse de forma generalizada el concepto de especie propuesto por John Ray. La botánica se beneficia durante esta época de los intereses agrarios de los gobiernos, y en 1735 el botánico sueco Carl von Linneo (1707-1771) publica Systema Naturae, un trabajo en el que desarrolla un sistema binomial para la clasificación de los organismos vivos e introduce distintos niveles jerárquicos. A partir de este momento la botánica termina de independizarse completamente de la medicina y de la jardinería, con un método y un lenguaje propios, emancipándose como disciplina científica. 

Durante el periodo ilustrado los monarcas suelen preocuparse de proteger la actividad científica, y algunos optan por tener su propio planetario, laboratorio o colección de especímenes naturales. También los aristócratas y burgueses sienten afición por tener sus gabinetes y la historia natural entra así a formar parte de los círculos ilustrados, interesados por los nuevos y exóticos descubrimientos que proporcionan los grandes viajes científicos. La sociedad europea comienza a aficionarse a consumir productos de ultramar como tabaco, té, café o cacao. Estos viajes comerciales amplían también los horizontes del conocimiento, y una gran diversidad de fauna y flora enriquece cada vez más las colecciones de gabinetes y museos. Los ejemplares de la colección se organizan según criterios sistemáticos y se publican catálogos ilustrados, como es el caso de Ruysch, Valentini o Albertus Seba.

 

Los Países Bajos continúan dominando el comercio mundial. Ámsterdam es la capital del intercambio de objetos naturales, libros y conocimientos. Sin embargo, los centros de pensamiento científico están sobre todo en Francia y Gran Bretaña.

 

Durante el siglo XVIII resurgen las academias de ciencias y las sociedades científicas, las que financian viajes de exploración y ofrecen publicaciones periódicas propias que difunden las investigaciones realizadas por sus miembros. Voltaire (1694-1778) introduce a Newton en Francia, y la Académie des Sciences financia en 1735 una expedición a las órdenes del astrónomo Louis Godin (1704-1760), acompañado de Charles-Marie de La Condamine (1701-1774) y Pierre Bouguer (1698-1758) con el objetivo de concretar la forma de la Tierra. En este viaje embarcan los científicos españoles Jorge Juan y Santacilia (1713-1773) y Antonio de Ulloa (1716-1795), quienes miden la longitud del meridiano terrestre en Quito demostrando finalmente la idea de Newton de que el planeta estaba achatado por los polos.

La Royal Society retoma el impulso tras una etapa de decadencia, ampliando sus intereses más allá de sus objetivos tradicionales (física y química). Financiará los viajes de James Cook (1728-1779), quien realizará tres viajes por el Océano Pacífico, descubriendo numerosas costas e islas. Durante su primer viaje (1768-1771) circunnavegará el globo, visitando Nueva Zelanda y la costa este de Australia, que reclama para el imperio británico. Le acompañan los botánicos Joseph Banks y Daniel Solander, quienes estudian por primera vez la flora australiana. A su vuelta la Royal Society le encarga un segundo viaje (1772-1775) para buscar la mítica Terra Australis, La expedición circunnavegará el globo cruzando el Círculo Polar Antártico. Durante su tercer viaje (1776-1779) visitó Hawái, exploró la costa oeste de Norteamérica hasta Alaska y el estrecho de Bering. Al regresar a Hawái tras un huracán, Cook es atacado por los nativos de la isla, donde muere en 1779. Mientras tanto, Louis Antoine de Bougainville (1729-1811), había realizado la primera circunnavegación francesa entre 1766 y 1769. Los objetivos geográficos predominantes del momento son el descubrimiento del una vía de comunicación por el norte entre los océanos Atlántico y Pacífico, y la búsqueda de la Terra Australis Incognita, una gran masa continental en el hemisferio sur.  

Jean François Galaup, conde de La Pérouse (1741-1788) dirigió una expedición alrededor del mundo para completar los descubrimientos de Cook. Partió de Francia en 1785 con dos fragatas en las que viajaban naturalistas, astrónomos, médicos y dibujantes, entre otros. Tras rebasar el Cabo de Hornos, alcanzó la isla de Pascua y Hawái. Tras desembarcar en Alaska y explorar el territorio volvió a cruzar el pacífico dirigiéndose a Filipinas, la península de Corea y Kamchatka, para dirigirse posteriormente a Australia, desde donde parte hacia las islas Salomón, donde su rastro se pierde en 1788.  

 

El francés Georges-Louis Leclerc, Conde de Buffon publica entre 1749 y 1804 el trabajo ilustrado más completo sobre historia natural publicado hasta la fecha, con especial atención a la zoología. Manteniendo un criterio transformista según el cual las especies evolucionan filogenéticamente, en contra de las tesis fijistas de Linneo, sugiere un ancestro común para todos los mamíferos en su monumental obra Histoire Naturelle. Buffon introducirá por primera vez el concepto de biogeografía, así como una nueva cronología de la Tierra.

 

La publicación de Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers, también llamada Encyclopédie française, entre 1751 y 1772, y dirigida por Denis Diderot (1713-1784) y Jean le Rond D'Alembert (1717-1783) permite la difusión del conocimiento y de las ideas ilustradas, compuesta por 35 volúmenes de los cuales 11 tomos son solamente de láminas grabadas, sobre dibujos de Goussier, realizados por un equipo de magníficos grabadores. Este compendio del saber científico y técnico fue la obra más representativa de la Ilustración, despertó gran entusiasmo y se convirtió en una obra clave en la lucha contra el absolutismo. Entre sus colaboradores se encuentran Voltaire, Buffon, Montesquieu, Rousseau, Falconet, Dumarsais, La Condamine y Paul-Joseph Barthez, entre otros muchos.

 

El italiano Alessandro Malaspina (1754-1809) propone al gobierno español organizar una expedición político-científica, llevando a cabo entre los años 1788 y 1794 la llamada Expedición Malaspina junto con José de Bustamante y Guerra (1759-1825). Malaspina recorrerá los territorios españoles partiendo de Cádiz, bordeando Tierra de Fuego y navegando hasta Alaska. A su vuelta visitará las costas de Norteamérica, Acapulco y volverá a cruzar el pacífico hasta alcanzar Filipinas, desde donde parte a Nueva Zelanda y Australia, para volver después por el Pacífico sur y el Atlántico hasta la Península Ibérica. La expedición cartografió numerosos territorios y realizó catálogos muy interesantes sobre la historia natural de los territorios visitados, recolectando multitud de especies vegetales que fueron descritas por primera vez y se conservan en el Real Jardín Botánico de Madrid.   

 

En España el rey Carlos III compra la magnífica colección de Pedro Franco Dávila en 1771 con objeto de crear un Real Gabinete de Historia Natural que se abre al público en 1776 en el madrileño Palacio de Goyeneche, que alberga a su vez la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. El Real Jardín Botánico, creado en 1755 bajo la dirección de José Quer (1695-1764), es trasladado en 1774 por Carlos III a su ubicación actual. Quer había comenzado a publicar en 1762 Flora española o historia de las plantas que se crían en España, siguiendo la clasificación de Tournefort y enfrentándose con Linneo. Se incluyen en ella casi 200 grabados calcográficos. Casimiro Gómez Ortega (1741-1818) continuará con este trabajo a la muerte de Quer, publicando los dos últimos volúmenes de un total de seis. Gómez Ortega enriqueció notablemente el Jardín Botánico y organizó las expediciones científicas de Hipólito Ruiz y José Pavón a Perú y Chile entre 1777 y 1788, la de Juan Cuéllar a Filipinas entre 1786 y 1801, y la de Martín de Sessé y Vicente Cervantes a Nueva España entre 1787 y 1803.

 

Félix de Azara (1742-1821) viaja a Paraguay en 1781 como parte de una misión diplomática y cartográfica, y termina realizando un estudio exhaustivo de la fauna de la región, fundamentalmente aves y mamíferos. Azara, muy influenciado por el trabajo de Buffon, describe casi 500 especies en Paraguay y Río de la Plata que publicará a su vuelta a Europa en Essais sur l´histoire naturelle des Quadrupèdes de la Province de Paraguay (París, 1801), y en español Apuntamientos sobre la historia natural de los quadrúpedos del Paraguay y Río de la Plata (Madrid, 1802) y Apuntamientos para la historia natural de las Paxaros del Paraguay y Rio de la Plata (Madrid, 1802-1805), todos ellos carentes de ilustraciones. En estos trabajos, Azara formula una novedosa teoría sobre el origen de las especies de América y el proceso de selección que ejercerá posteriormente una gran influencia sobre Charles Darwin (1809-1882). 

Por otra parte, Peter Simon Pallas (1741-1811) emprende una expedición entre los años 1768 y 1774 a lo largo de vastos territorios de Rusia, hasta los límites con China y Mongolia, explorando y recopilando una ingente cantidad de datos sobre la flora y la fauna, a geología o la etnografía de estas tierras ignotas. 

 

El grabado científico se convierte en el sello distintivo de los libros sobre historia natural, cuyo mercado prolifera rápidamente. Aparecen obras de divulgación científica profusamente ilustradas, las técnicas de representación gráfica se estudian a conciencia y los artistas aplican su destreza para realizar ilustraciones extraordinariamente fieles al modelo natural. La perfección alcanza tal punto que podemos encontrar imágenes grabadas con tal lujo de detalles que a simple vista el ojo humano no podría percibir. Ha llegado la era de la ilustración científica, en la que el grabado adquiere gran importancia para la difusión de disciplinas como la medicina, la física, la ingeniería, la cartografía, la arquitectura o las ciencias naturales.

 

Entre los tratados naturalistas ilustrados, despunta indudablemente por su calidad el trabajo de Maria Sibylla Merian sobre los insectos del Surinam de principios de siglo. El libro de Maria Sibylla, Metamorphosis Insectorum Surinamensium (1705), fue considerado "el libro más bello jamás publicado". Además de la belleza intrínseca de sus láminas, esta publicación tiene un interés científico adicional, ya que la autora se interesa por figurar el hábitat en el que animales y plantas viven e interactúan, diseñando las primeras escenas de nichos ecológicos. También la obra de Mark Catesby Natural History of Carolina, Florida and the Bahama Islands, en el que se figuran centenares de aves, mamíferos, reptiles y plantas de Norteamérica y cuyo primer volumen ve la luz en 1731, contribuye a revolucionar la ilustración naturalista del siglo XVIII.


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Pierre Joseph Bonnaterre (ca. 1752-1804)

Pierre André Latreille (1762-1833)

Peter Brown (activo 1758-1799)

John Coakley Lettsom (1744-1815)

Gottlieb Tobias Wilhelm

Vietz, Ferdinand Bernhard (1772-1815) 

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